domingo, 25 de julio de 2010

Un sendero de penitencia y negocio

Unos pocos albergues públicos y más de una veintena de alojamientos privados dan asistencia a toda clase de peregrinos

«Donde no falta voluntad, siempre hay un camino», afirma el peregrino alicantino Jorge Villada al preguntarle sobre el sentido del Camino de Santiago. El peregrino, de 43 años, descansa bajo la sombra de un árbol en la localidad palentina de Población de Campos mientras conversa con otros peregrinos sobre cómo ha ido la jornada. A los pocos minutos, llegan más caminantes que sin dudarlo se unen a la conversación, compartiendo experiencias, risas y quejas sobre pies doloridos y cubiertos de ampollas. Algunos se quedan, otros se retiran cojeando a descansar. En los ojos de todos se lee el mismo mensaje: han sido atrapados por el mágico Camino de Santiago. Más aún en este año santo compostelano.

Y es que 2010 es Año Santo Jacobeo, una celebración que solo ocurre cuando el 25 de julio cae en domingo, como hoy, festividad de Santiago Apóstol. Y en año santo, el Camino de Santiago se llena de peregrinos que recorren la senda a pie, en bici o a caballo, y todo debido a la llamada de un apóstol, aunque muchos peregrinos confiesan conocerle poco y apenas le veneran.

En Palencia, el tramo santo tiene una extensión aproximada de 70 kilómetros. En lo que va de año, 8.100 peregrinos lo han recorrido ya a su paso por Palencia. El 53% son españoles, principalmente de Madrid y de Cataluña, y el resto, extranjeros provenientes sobre todo de Francia, Italia y Alemania.

Camino de penitentes

Los datos no engañan: a pesar de la importancia del Año Jacobeo, el número de peregrinos al paso por nuestra provincia ha disminuido. «La primavera ha sido la mejor estación del año, sobre todo por el número de extranjeros. Aún así, la afluencia no ha superado a la de años anteriores, mientras que el mes de junio ha sido mediocre, y el de julio, malo», explica Ángel Luis Barreda, presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Palencia.

A pesar de que el Camino se haya masificado y que para muchos peregrinos se presente como un a forma de pasar las vacaciones, aún son miles los que se plantean su significado espiritual. Muchos siguen siendo atraídos por esa larga caminata, a todas luces incómoda, carente de lujos y aparentemente sin recompensas. «Mi meta es encontrarme con el camino», explica José Medina, un canario que recorre por tercera vez el tramo de la ruta jacobea que discurre por Frómista, y quien no duda en agregar entre risas: «Aunque también me encanta encontrarme con el lechazo de la provincia».

Porque peregrinos como él, con un claro sentimiento religioso, aún existen, en menor medida que hace sesenta años, pero quedan. Sin embargo, otros no se lanzan a la senda por ese afán religioso, sino para descubrir otra filosofía de vida. «A todo el mundo le deseo que su camino sea bueno, un lema aplicable a cualquier ámbito de la vida, el profesional, el familiar, el espiritual...», comenta el alicantino Emilio Valverde mientras refresca sus pies en una piscina del albergue En el Camino, situado en la población de Boadilla del Camino.

«El peregrino tradicional existe, pero ya no es tan espiritual en el sentido estrictamente religioso de la palabra. Ahora tiene un significado mucho más amplio, de amistad, también de descubrir un entorno natural y turístico», explica Barreda, quien añade: «Aunque no existe masificación en el tramo de nuestra provincia, en este aspecto goza de buena salud». Lo que deja en evidencia que si en este aspecto goza de buena salud, otros aspectos del Camino, con el paso del tiempo, se han vuelto muy diferentes. En diez años, el tramo de Palencia, otrora lleno de sufrimiento y prueba de resistencia, ha dado paso a los nuevos tiempos del ocio-negocio, y con ello ha surgido un nuevo tipo de peregrino: el turista. «Hay quien busca el negocio con el Camino. Yo cobro 6 euros y les ofrezco un remanso de paz, hay otros que cobran 15 euros y les ofrecen Internet y televisión. El Camino ha cambiado mucho», comenta al respecto Eduardo Merino, dueño del albergue En el Camino, situado en Boadilla del Camino.

Cuatro principios básicos

Jesús María Burgos, dueño del albergue Amanecer, en Villarmentero de Campos, ha tenido la idea de colocar en su albergue una tienda para atraer a más viajeros. «La culpa de que haga esto es de las administraciones y de las guías, que describen este tramo como muy duro, por eso los peregrinos evitan la zona de Palencia», y agrega: «Cuatro cosas marcan el Camino que nunca deberían perderse, la soledad, el silencio, la espiritualidad y un albergue de toda la vida», señala.

En el tramo de la provincia existen actualmente más de una veintena de albergues privados. Algunos han visto en el Camino de Santiago la gallina de los huevos de oro y no dudan en aprovecharse del tirón comercial que supone el Año Jacobeo. «Antes se dormía por 3 euros, y en cuestión de un año hemos pasado a precios de 15 euros. Y este tema roza uno mayor, la proliferación de albergues ilegales», comenta Ángel Luis Barreda.

La subida de precios ha derivado también en una disminución del número de peregrinos en Palencia y en la ruta en general. «El gasto medio de un peregrino extranjero por día está en 33 euros; el español, ni siquiera eso, ahora ha cambiado comer en un restaurante por alimentarse con un bocadillo, que es más económico», expresa Barreda, y agrega: «La culpa la tiene en parte la crisis».

El Camino ya no es lo que era, y mucho tendrán que cambiar las cosas para que vuelva a verse a un desaparecido mesonero como Pablo Payo repartiendo de forma altruista sopas de ajo a los cansados peregrinos a su paso por Villasirga.

Fuente: http://www.nortecastilla.es/v/20100725/castilla-leon/sendero-penitencia-negocio-20100725.html