miércoles, 18 de agosto de 2010

Hospitalero por una promesa

Pepe Giner abrió hace seis años el albergue 'San Antonio de Padua' de la localidad leonesa de Villar de Mazarife en agradecimiento por haber superado un cáncer

Pepe Giner, propietario del albergue San Antonio de Padua en Villar de Mazarife. (Foto: Rubén Cacho).


Reside la mitad del año en su Alicante natal y la otra mitad en Villar de Mazarife (León). A sus 66 años, Pepe Giner parece haber encontrado el equilibrio perfecto entre su trabajo como profesional de la medicina alternativa y su vocación de hospitalero, que nació tras comprobar como peregrino los beneficios del Camino de Santiago. “A mí me aporta salud física y al tener ésa, la mental”, asegura.

Pepe explica que tuvo su primer contacto con la ruta jacobea en 2001 y que desde entonces está vinculado a ella. “Quería conocer Pamplona y los Pirineos navarros, así que vine para hacer un viaje de seis días, pero me encontré con una serie de gente que minuto a minuto me hizo cambiar muchos pensamientos y seguir en el Camino. Me enganchó y lo hice entero, y ahí empezó la salvación física de mi cuerpo”, rememora.

El hospitalero señala que el día que paró en Terradillos de los Templarios (Palencia) a reponer fuerzas se le reventó comiendo un tumor benigno que tenía en el cuello hacía 27 años y que unos días después de regresar a su casa había sanado.

Tras esa primera experiencia, apenas habían transcurrido tres meses y ya había decidido volver a la ruta. En esa segunda ocasión, Pepe comenzó su itinerario en Somport (Huesca) pero a los tres días notó unas molestias en la espalda y decidió regresar a Alicante porque sabía que tenía “algo grave”. “Me detectaron un cáncer en la espalda y antes de operarme hice varias promesas porque no me quería morir, era demasiado joven”, recuerda.


Pepe Giner, propietario del albergue San Antonio de Padua en Villar de Mazarife. (Foto: Ical).

Resalta que juró que si se curaba abriría “un albergue decente en el Camino de Santiago” y que si no llegaban a darle quimioterapia dejaría de cortarse el pelo. Su aspecto actual, con una incipiente calvicie que oculta con un sombrero bajo el que asoma una larga coleta, revela que la operación se saldó con éxito, así que Pepe se puso manos a la obra para cumplir su promesa.

El 3 de junio de 2004 abrió el albergue ‘San Antonio de Padua’ en Villar de Mazarife porque en esa pequeña localidad leonesa lo pasó “muy mal” la primera vez que recorrió la ruta jacobea. “Estoy aquí desde el 21 de marzo hasta el 20 de octubre y el resto del año vengo todos los meses y paso aquí cuatro o cinco días porque la temperatura y el mar no me van bien para mi enfermedad”, señala.

El alicantino asegura que “lo único” a lo que aspira es que los peregrinos “estén bien y a gusto”. “Intentamos que ésta sea su casa durante un día”, añade e indica que se rigen por unos principios básicos como darles “la mayor higiene posible” y ayudarles en lo que puedan. En el alojamiento se puede desayunar, comer y cenar, y no faltan productos típicos de la provincia de su propietario, como la paella y el chocolate con churros, además de cocina vegetariana.

San Antonio de Padua’ está ubicado justo a la entrada de Villar de Mazarife, en una casa precedida por un gran jardín. Cuenta con capacidad para 60 personas, 50 en la planta superior, en una gran habitación de madera con literas, y el resto en habitaciones con dos camas en la zona inferior, junto al comedor y la cocina.

Experiencia maravillosa

“Ser hospitalero es una experiencia maravillosa”, asegura Pepe, convencido de que “el Camino de Santiago es un manantial económico y cultural” que permite “conocer a miles de personas distintas con sus creencias”. A este respecto, destaca que “no hay tantos peregrinos católicos”, sino que él cree que existe “otra energía que mueve a mucha gente”.

“Casi todos tenemos un motivo para hacer el Camino de Santiago aunque no lo sepamos”, asegura el alicantino, quien indica que la ruta “rechaza a mucha gente”. “Hay peregrinos a los que les pasa de todo y se tienen que ir. A la persona que viene, se pone la mochila y no se siente libre, el propio Camino la expulsa, pero al que nos atrapa nos deja aquí dentro”, opina.

Pepe deja el futuro de su establecimiento en las manos de esa misma energía. “No tengo ningún planteamiento de futuro, sólo estoy. Lo mismo que el Camino me trajo aquí y me dio tantas cosas beneficiosas, el día que se canse de mí llegará a otra persona que se haga cargo del albergue”, concluye.

Fuente: http://www.leonoticias.com/frontend/leonoticias/Hospitalero-Por-Una-Promesa-vn53868-vst218

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